22 septiembre 2008

Fue el viernes.
Sabía que el argentino León Gieco (pronúnciese Yhieco) actuaba en la explanada de la Universidad desde el jueves y en principio sí que quería ir (¿quién dice que no a un concierto gratis?) pero salí de trabajar cansada, con frío y un dolor de cabeza de esos medio feos. Lo único que tenía en la cabeza era ponerme el pijama y taparme con una manta en el sofá. Y fue lo que hice.
Paula salió de casa rumbo a casa de una amiga. Eran las 9 de la noche y me llamó:
- ¡¡Marieta!! Recién acaba de salir Gieco al escenario. ¡¡¡Venite!!!

- Ais... no Pauli, creo que paso que estoy en pijama aquí calentita.
- ¡Qué gurisa tonta! Dale...
- No, no. Disfrútalo tú.
- Ta. Chau.
Cuelgo el teléfono y se me queda un run-run en el cuerpo bien raro y una vocecita me dice: "¡A ver! ¡Imbécil! ¿Cuántas oportunidades de ver a León Gieco has tenido? ¿Y de verlo gratis? ¿Y en Montevideo? ¿Y a cuatro cuadras de tu casa?"
Así que fuera manta, fuera pijama, pon vaquero, calza playeros, sudadera de deporte, cazadora y pa la calle.
Los ecos de "En el país de la libertad" resuenan por 18 de Julio y la gente tapona la calle (por suerte esta noche hay paro de omnibus así que el quilombo es menor). El escenario es enorme, situado justo delante de las escaleras del histórico edificio de la facultad de Derecho, donde atentaron contra el Che y Salvador Allende y mataron a otro pobre poco político y menos recordado... Mártir anónimo que tendría en aquella época una edad parecida a los que llenábamos la zona; que tendría hoy en día una edad parecida a la de los más veteranos que coreaban las canciones.
Un par de pantallas proyectaba fotografías todo el rato... Y de pronto...
Víctor
y los pelos como escarpias y la lágrima presta y la seguridad de que estoy aquí, al otro lado de mi mundo, aprendiendo y disfrutando, viviendo, soñando



Allá donde todo aquel septiembreno
alcanzó para llevarse la tempestad
allá donde mil poesías gritaron
cuando le cortaron al poeta sus manos

Uy, uy, uy, si hasta el condor lloró
uy, uy, uy, si hasta el condor lloró

Allá donde muchos vientos han pasado
y ninguno pudo detenerse a descansar
allá donde muchos pensamientos
no tienen palabras ni gritos ni silencios

Allá donde quedó estrellada
la raíz de un pueblo con sus profetas muertos
allá donde mil poesías gritaron
cuando le cortaron al poeta sus manos

4 comentarios:

piedra_de_sol dijo...

que regalo de noche para ti... y de foto para mi.

gracias preciosa, leyéndote parece que estaba yo allí con la manta en el sofá, dudosa, y opté por salir... y me encontré con Víctor.

aish...

besos y música,
jara

Pillary dijo...

nunca levantarse de la cama cuando uno creía q se había acabado el día trajo nada malo (o casi nunca). viva gieco! besos guapa

Libertad dijo...

Eso, eso... En situaciones como la tuya y a punto de concluir ya el tercer trimestre de estancia, una debe estar siempre dispuesta a quitarse el pijama cuando la situación lo requiere.
Que después, de pronto una se ve sorprendida, haciendo la maleta de vuelta.
Y después, una se ve tomando el último remise al aeropuerto.
Y después, una se ve facturando el sobrepeso con cara de niña buena, por si las moscas.
Y después una hace un vuelo transatlántico de 12 horas.
Y después, una se arrepiente de lo que nunca volverá.
No estás en situación, querida, de andar rechazando ofertas. Así que, ponte al pijama, pero afloja la gomita del pantalón, por sihay que salir de casa pitando.

Besos mil.

Chuli dijo...

Curiosamente... tengo en mi mp3 una canción de este chicote tan majo... "De igual a igual"... y cuando suena, sonrío y al caminar, miro al cielo.
¡Si es que soy una romántica! =D
Hiciste bien en salir de la cama...
sigue pasándolo tan bien.
Besotes