22 marzo 2008

Se apagan las luces
Silencio
Tacatacatacatacatacatacatacatacatacatacatacatacatacatacatacatacatacatacatacatacataca
El ruido del cansado proyector llena la inmensa oscuridad de la sala mientras el público aguarda espectante
Tal vez sea una de mis sensaciones preferidas, de esas que te transportan en el tiempo, a todas las horas de tu vida que has pasado en un cine y a las que quedan por llegar, de esas que te traen cientos de imágenes (a una velocidad de 24 por segundo) y miles de momentos gozosos
Cinemar, Ayala, Brooklin, Clarín, Van Dyck, Roxy... y ahora la Cinemateca
Creo que sería capaz de vivir en cualquier ciudad siempre que ésta tuviese un cine al que convertir en una segunda casa
Silencio
Se encienden las luces
Y sales a la calle con una sonrisa extraña, atesorando un secreto que sabes sólo tuyo

1 comentario:

Libertad dijo...

Vivo lejos del cine más cercano y sé qu sería un poquito más feliz o un poquito menos desgraciada si el cine estuviera a la vuelta de la esquina.
Cuando me trasladé al nuevo piso, fue una de las primeras cosas qué pregunté: dónde hay cine. Curiosamente y hasta hace unos meses, había unos multicines a 5 minutos andando, viejunos, clasicotes, vícitmas (hay tantas ya) del emule y los centros comerciales. Quién tuviera un cine en el que refugiarse cuando el frío sale de dentro. Besos desde la otra orilla.